Los aficionados al cine, o a las tropelías de la Sinde en un cargo con poder de destrucción masiva, ya conocerán la polémica: el 20 de octubre el Ministerio de Cultura otorgó a la sexta entrega de la saga de Saw la categoría de película X por, según ellos, hacer apología de la violencia, y con esta etiqueta la condenó a ser estrenada en salas pornográficas. La chispa saltó entre los cinéfilos y los internautas alegando, entre otras muchas cosas, que era imposible que esta película alcanzara esos límites si las entregas anteriores nunca tuvieron problema con la calificación (recordemos que Saw no se prodiga en originalidad precisamente).

El caso es que, una vez visto un pequeño trozo del film, mi valoración ha cambiado completamente. Puede que la película no sea interpretada de la misma manera en EEUU, pero en España queda claro que hubiera creado auténticos asesinos de masas si alguna copia llegara a la gran pantalla. La razón: demasiada gente ha sufrido los inicios de Internet con Telefónica y su máquina de la tortura, Infovía. Incrédulos del mundo, echarle un vistazo al vídeo y decirme si no os entran ganas de matar.