mentiras-y-gordas
No sabía demasiado bien cómo empezar a hablar de Mentiras y Gordas, una de las últimas perlas que ha engendrado el cine español, pero me ha venido la inspiración como un soplo de aire rancio tras saber que una de sus guionistas, Ángeles González-Sinde es la nueva ministra de cultura. Sí, sé lo que estáis pensado: “¿Este puto engendro de dios tiene argumento? ¿ No tienen vergüenza o qué? Vayamos por partes, sí y no. Sí, no tiene argumento y no, no tienen vergüenza.

Pero vayamos al tajo, que no creo que a estas alturas sea necesario hablar de la mierda de cine que se hace en este país, que, salvo honrosas excepciones, es lo que es; ni tampoco hace falta decir que poner a esta señora de ministra de cultura ha terminado por minar la credibilidad de ZP entre los internautas. “¿Pa’ qué?”

Mentiras y Gordas cuenta la historia de un grupo de chavales gilipollas que se dedican a drogarse y a follar día y noche. Realmente toda la película va de eso y por momentos nos parecerá estar viendo una película porno para adolescentes calenturientos, ya que los escasos diálogos, aparte de estúpidos, poco creíbles y breves, no son más que un preámbulo de la siguiente escena de sexo, en la que se verán de dos a cuatro tetas, una raya de coca y (opcionalmente) de uno a dos culos.

ana-de-armas-nudeEl malo de la película es un camello que vende su droga maligna a los jovenzuelos y que por momentos me ha recordado a Mario Baquerizo. Aparte de ello está la camella que quiere dejar de ser camella y el grupo de drogatas imbéciles que representan a la juventud de hoy en día y a través de los cuales nos quieren hacer llegar el noble mensaje final: “Si tomas droga, eres un secundario y eres homosexual te vas a morir, pero si eres heterosexual, follas en baños de discotecas y eres un actor principal de Los Hombres de Paco, no.” Además, uno de los drogatas, tras descubrir que no puede frotar su percebe con el de su mejor amigo, decide morir de sobredosis, un drama trágico, hoygan.

Me parece muy triste que se subvencione una pasarela de tetas sin gracia como ésta y que al cine porno no se le de ni un duro. También me parece un engaño el título de la película, ya que no aparece ninguna gorda en ella. Pero, eso sí, la película ofrece frases memorables como: “Cómeme las tetas, muerdeme los pezones, méteme los dedos”, “Mientras te la metías no has parado de mirarme el coño”, “Ay, pues nunca me habían comido el coño” , “Estoy tan gorda que no siento nada cuando me penetras”, frases que cobran un nuevo significado cuando la ministra de cultura es la artifice.